El antro del peor escritor del mundo

viernes, 4 de noviembre de 2016

Oriónidas 1

Esta historia ya se publicó en este blog, pero como  casi nadie la miró, volvemos al ataque.



Empecé a escuchar, primero levemente, una vocecilla que se acercaba. Pensé entonces en abrir los ojos, pero pesados y lerdos éstos, parecían querer oponerse a hacerlo.

   — ¡Jo, qué mal se está aquí! —razoné al notar un  agudo dolor en mi espalda.





   Una intensa luz se evidenció  entonces más allá de mis cerrados parpados. Esto me ayudó al fin a conseguir abrirlos y al hacerlo, intensas manchas verdes, azules y anaranjadas me cegaron momentáneamente, hasta que mis ojos lograron enfocar. Comprendí en ese momento que yo me encontraba tumbado bajo un naranjo y  que aquella vocecilla, cada vez más cercana, estaba cantando una canción sobre un sapo y su sombrero. 

Apoyándome en el tronco del frutal, intenté reincorporarme, consiguiendo solo colocarme sentado. Me encontraba sin fuerzas, debilitado e incapaz de ponerme en pie. De repente noté que algo húmedo me tocaba. Era el hocico de un perrito que comenzó a lamer mis manos y olerme frenéticamente. 

   Intenté aclarar mi mente: ¿dónde estaba?, ¿qué hacía yo allí? Me fijé entonces en mi ropa. Llevaba un traje, arrugado y sucio, que me venía enormemente grande. El perro, subyugado por mis efluvios personales, agarró mi pierna derecha, confundiéndola con una hembra de su especie.

   Tras intentar darle al can una patada con mis disminuidas fuerzas, conseguí ponerme a gatas, saliendo de debajo del naranjo, sin lograr escapar de los amores del animal. Entonces supe que quien cantaba lo del sapo y su sombrero, al toparme de bruces con ella, era una niña. Una niña muy gritona, como pude comprobar en ese momento, al dar ésta uno intenso berrido con un poderoso chorro de voz, incomprensible en tan diminuto cuerpecillo.

   Aún a gatas, intenté por señas hacerla callar, pues yo era incapaz de hablar, pero la niña continuó con su estridente griterío. Al fin, agarrando las ramas de los naranjos de aquel huerto, conseguí ponerme en pie, mientras el perro proseguía con sus intentos reproductivos en mi pierna. Asustado tanto o más que la niña, agobiado por la situación en que me encontraba, con el ensordecedor grito infantil y el perro acosándome, intenté huir de allí, con pasos débiles y vacilantes. Entonces llegó una mujer, asustada por los gritos de la criatura y al verme, la tomó en brazos y comenzó a alejarse de mí apresuradamente.

   — ¡Señora! ¡Por favor! Necesito ayuda —conseguí articular desesperado con un hilillo de voz.
   — ¡Aléjate de nosotros, borracho! ¡Lárgate de aquí! —contestó la mujer, desapareciendo entre los naranjos.



   Tras merodear, débil y perdido, por aquellos huertos durante un rato, apareció un todo terreno de la Guardia Civil. De este  vehículo descendieron dos fornidos agentes con la intención inicial de detenerme, avisados por la mujer anterior, pero afortunadamente, al percatarse ellos de mi lamentable situación, me condujeron a un hospital.

4 comentarios:

  1. Muy buen inicio de historia. Es de agradecer y de destacar el estilo ágil e irónico. ¿Quién será el personaje? ¿Cuál será su historia? Esa madre y la niña, ¿quienes son? Y, sobre todo, qué intenciones tiene el perro? Saludos!

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    1. Gracias +David Rubio. Me temo que lo único un poco claras son las intenciones del perro....

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  2. Estaba para leer Oriónidas 4 , pero como no he leído ninguna he preferido ir al principio. Así que veo que con este capitulo comienza una historia todavía por revelar. Así que la intriga está ahora latente. Me gusta lo que l he leído y la forma como lo escribes. Un saludo

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    1. Gracias Maria, por echar una mirada a esto. Espero que los otros capítulos no te defrauden demasiado.....

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