El antro del peor escritor del mundo

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Oriónidas 13

Mari Fe llamó a sus subordinados por la radio que portaba en su cinto y en pocos minutos, los agentes que anteriormente me habían perseguido, aparecieron con su coche patrulla. Éstos, con no mucho cuidado, me introdujeron en los asientos traseros del vehículo. Mari Fe se sentó a mi lado.

— ¿Me vas a entregar a Le Bon ahora? —le pregunté con cierto desdén.

— ¡Tonto! ¡Claro que no!

En veinte minutos llegamos al cuartel.  La pareja de  guardias me sacaron del coche y tomándome por los brazos, prácticamente arrastrándome y virtualmente con mis pies a quince centímetros del suelo, me condujeron al despacho de Mari Fe, dejándome a solas con la Teniente. Entonces  ésta dejó sobre su mesa la pistola que me habían quitado, preguntándome:

—¿Para que querías eso?

—Eso era...."por si acaso" —respondí.

  Bueno, pues "por si a caso" te la voy a guardar una temporadita aquí, en el cuartel.

— ¡Vale!  exclamé intentando quitarle hierro al asunto.

Se puso entonces detraes de la silla donde me habían sentado y comenzó a quitarme las esposas, volviendo a hablarme:

—Sospechaba que habías pasado la noche con tu “amiguita,” así que esta mañana he ordenado que  mis agentes peinasen la zona. Mis chicos han visto enseguida tu cochecito, escondido en aquel huerto abandonado y estábamos  justo allí, cuando recibimos la alerta de la oficina del banco.  Yo me he quedado esperando junto al Porsche, pues estaba segura  de que ibas a volver a por él.

— ¿Qué vas a hacer conmigo ahora?  pregunté con preocupación indisimulada.

—Quiero que vuelvas a casa de Le Bon, en la próxima cena, que se va a celebrar este  mismo sábado.

—  ¡No pienso volver por allí!¡Pero si él quiere encerrarme en su clínica!

—No puede hacerlo.

— ¿Olvidas que consiguió que un juez lo dictaminase?

— ¿Me tomas por tonta? Eso ya ha sido revocado.

— ¿Cómo?

—Resulta que legalmente aún estas casado con Estefanía.

—A ella también le ha comido la cabeza Le Bon.

—Sí, pero parece que aún te quiere, así que enseguida hemos conseguido convencer al juez de  que ella era tu “autentica “familia.  Cuando me digas lo que sabes, te dejaré volver con tu deportivo y te vas tu casa o a la de tu amiguita. Eso sí, como te has portado tan mal, seguirán bloqueadas tus cuantas bancarias. 

— ¡Está bien!

—Pues ya sabes. ¡Soy todo oídos! ¡Cuéntamelo todo!



Una hora después, otro coche patrulla de la Guardia Civil me acercó al lugar donde yo había ocultado el deportivo. En ese corto trayecto, yo no dejé de pensar en mi situación: Le Bon pretendía recluirme en su mansión-clínica y según él, yo soy un extraterrestre. Mari Fe no se creía nada de lo que yo le había contado y pretendía que volviese a casa de aquel tipo el próximo sábado, en su nueva cena con todos aquellos sonados.

Me encantaría poder salir de allí corriendo y de este embrollo, pero la Guardia Civil había bloqueado mis cuentas bancarias.

Estaba metido en un buen follón.

Luego,  tras recoger mi coche, regresé finalmente a mi  casa y allí me llevé otra gran sorpresa. Mi todavía esposa estaba esperándome en ésta, charlando con Julián mientras paseaban por los jardines.






— Hola Arcadio. ¿Cómo estas? —me preguntó ésta nada más verme.

—Bien, Gracias por ayudarme. Según Mari Fe, si no es por ti, ahora estaría encerrado en la casa de Le Bon.

— ¿Mari Fe? ¿Quien es esa?

—La teniente de la Guardia Civil. ¿No la conoces?

— ¡Ah!.... ¡esa!.... Sí,  ella me llamó. Me dijo lo que estaba sucediendo. La verdad, no comprendo lo que esta pasando, ni lo que pretende Le Bon….¡Una persona tan agradable!….

— ¿Agradable?

— Entiendo que no te caiga bien…después de lo ocurrido, ¡pero si lo conocieses tan bien como yo….

— Creo que ya tengo una idea de cómo es…

—De quien no se como es eres tú. ¡Has cambiado tanto! En esta charla con Julián, me ha dicho cosas que jamás habría imaginado en ti. Te has convertido en alguien tan distinto, tan buena persona...

— ¡Te aseguro que yo soy el mismo de siempre. ¡Nada de extraterrestre ni chorradas semejantes!

—¡No se! Es difícil no creer a Le Bon.......¡Antes te comportabas como un ogro!

— ¡Bueno! ¡Si quieres,  me puedo comportar como un ogro ahora! 

 Ella sonrió con cierta timidez y me preguntó entonces:


— ¡No, gracias! Así estas magnifico.¿Vas a ir entonces a la próxima cena en su casa?

— ¡Qué remedio!

—Podemos ir juntos….

Entonces sonreí yo, contestando:

— ¿Me harías ese favor?

— ¡Claro! Estoy segura de que te ayudaré a conocer a Le Bon completamente y entender sus autenticas intenciones.

— ¡Ojala!…

Quedamos para ir a dicha cena y ella abandonó mi casa.

Yo me sumergí entonces en mis más turbios pensamientos.

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