viernes, 21 de octubre de 2016

Farsantes

La cosa no nos iba nada bien. Mi socio lo llevaba peor que yo, pues su caso era distinto. Mi mujer tiene un trabajo estable, mientras que él estaba solo y debía vivir de nuestro destartalado negocio: una pequeña tienda de electrodomésticos. Las ventas eran cada vez menores y los ingresos ridículos. Yo intentaba consolarle, convencerle, hacerle creer que se aproximaban mejores tiempos, pero no conseguía hacerlo, pues tampoco era yo muy optimista y no sabía disimularlo.

Una tarde, después de comer, cuando me disponía a abrir la tienda, me sorprendió  el  ver el coche de mi socio aparcado enfrente de la puerta de nuestro  establecimiento y no encontrarlo a él dentro.  Siempre solía llegar él antes que yo, ansioso por conseguir alguna venta.
Entré en el local y me dirigía al pequeño despacho de la tienda, extrañándome de nuevo. La puerta estaba cerrada con llave por el otro lado.

— ¿Estás ahí, Ernesto? —pregunté sorprendido.
— ¡Un momento! —respondió mi socio desde el interior del despacho.

Un par de minutos después se abrió la puerta y más sorprendido aún, vi salir por ella a una mujer que se arreglaba apresuradamente la blusa que llevaba y su peinado.

— ¡Buenas! —me dijo ésta, abandonando rápidamente  el establecimiento.

Entré en el despacho y sonreí con complicidad a mi socio, que se sentaba entonces  en el pequeño sofá de la habitación, disimulando, mientras comenzaba a ojear unos folios.

—Es una nueva cliente —explicó —que he conocido mientras comía en un restaurante.
—¡Ahhh! —respondí sin dejar de sonreír con picardía.

Los malos resultados financieros continuaron durante las semanas siguientes y yo mismo, con tristeza, empecé a considerar la idea de cerrar el negocio.

Pero un sábado por la mañana mi socio apareció en la tienda, lleno de alegría.

— ¡He encontrado una solución a nuestro problema! ¡Alguien va  a aportar dinero a la cuenta bancaria y así reflotar nuestro renqueante negocio! —afirmó exultante.
— ¿En serio? —contesté ilusionado ante su buena nueva. — ¿Quién es?
—La mujer del otro día.
—No recuerdo….
— ¡Joder, tío! La que estaba conmigo en el despacho cuando llegaste.
— ¡Ah! ¡Ya!

Perdí al instante la ilusión, pues pensé que mi socio estaba siendo engañado.  No le quise decir lo que pensaba.

Pero aquello solo acababa de empezar.

Ese mismo domingo, intentando encontrar solución a nuestro problema, regresé a la tienda. Subí la persiana de la puerta exterior sin hacer ruido y tras cerrarla de nuevo, entré en el despacho.
¡Mi sorpresa fue mayúscula¡ Allí estaba mi socio, acompañado con aquella mujer. En el sofá había una manta y un almohadón, como si alguien había pasado la noche allí y montones de latas de comida en conserva atiborraban la pequeña habitación.

— ¡Pero!.... ¿Qué está pasando aquí? —pregunté extrañado.
— ¡Espera que te explique!  —comenzó a decir nervioso mi socio.
— ¡Eso! ¡Explícate! ¿No podíais hacer esas cosas en alguna de vuestras casas?
—No es lo que parece.
— ¡No! ¿Entonces qué es?

La mujer se puso en  pie, seria y autoritaria, contestándome:

— ¡Esto es un secuestro!
— ¿Qué? —exclamé dejándome caer sobre una de las sillas, desbordado por lo que veía y escuchaba.
—Es un secuestro —continuó mi socio — ¡falso!
— ¿Un secuestro falso? —pregunté sin tranquilizarme lo más mínimo. — ¿Estáis locos los dos?
—Sí, un secuestro falso —siguió explicándose Ernesto —Y no, no estamos locos.
— ¡Debo estar soñando! —me dije a mi mismo, lanzando mis manos a mi rostro.
—Tranquilízate —prosiguió mi socio —Es todo muy fácil. Está ya planeado al mínimo detalle. Solo falta que hagas tú una pequeña llamada.
— ¿Una llamada? ¿A quién? —pregunté yo fuera de mí.

— ¡Al capullo de mi marido! —respondió dura y directamente aquella mujer, que por lo visto, había vuelto loco a mi socio y que ahora quería volverme a mí.


  Fin de primera parte.
 Tranquilos, solo hay dos......creo.

4 comentarios:

  1. Desde luego, has dejado el relato en todo lo alto! Buena historia, atrapante. Saludos!

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    1. Gracias, David. Esperemos que la continuación sea por lo menos del mismo nivel.

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  2. Respuestas
    1. ¿Qué tal este viernes por la tarde? Lo estoy escribiendo con una lentitud estremecedora......
      Gracias por leer todos este engendro.

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