viernes, 7 de octubre de 2016

Extraño triángulo

Cuando estábamos a punto de irnos de vacaciones, mi hermano nos regaló un GPS.
— ¡Veréis como os va muy bien en el coche! —Nos dijo éste — ¡Siempre os liais con los mapas!
Y tenía razón. Ana y yo éramos bastante inútiles en cuestión de orientación e interpretación de planos. El regalito nos pareció de lo más útil y nos mostramos muy agradecidos al recibirlo. Días después comenzamos nuestras vacaciones y tomando nuestro pequeño utilitario, nos dirigimos al hotel donde teníamos reservada la habitación. Nada más meternos en la, para mí, inmensa  y confusa red de carreteras, pusimos en marcha el aparatito.



“En doscientos metros colocase a la derecha” y  cosas así ordenaba con una agradable voz femenina el GPS. Se sabía los mapas como la palma de su mano, si la tuviese, y no dudaba jamás en los cruces, rotondas y salidas de autopistas, algo que mi novia y yo hacíamos por doquier.
—Voy a cambiar la voz esa en el GPS —dijo Ana mientras manipulaba el aparato. — ¡Ya me canso de oír siempre a esa tipa!
Seleccionó entonces la de un viril hombre. He de reconocer que me gustaba mucho más la voz de la chica, pero no tenía ganas de discutir con mi novia por una tontería así, por lo tanto,  me mantuve calladito.
El GPS siguió dándonos instrucciones todo el resto del viaje. “En la próxima rotonda tome la tercera salida” o “gire a la derecha en cuanto le sea posible”.
Ana y yo obedecíamos sin rechistar cuando alternativamente conducíamos. Entonces, en una recta sin cruces ni nada parecido,  el GPS soltó una enigmática frase que nos dejó boquiabiertos:
—Gracias por llevarme con Ustedes de vacaciones.
Nos echamos a reír. Ana, regocijada, le respondió:
— ¡De nada!
Y el aparato le contestó, aumentando más aún nuestra sorpresa:
—Está siendo un viaje muy agradable.
Ya no nos pareció tan divertido y serios, nos mantuvimos callados.
El GPS continuó dándonos instrucciones hasta que al fin llegamos al hotel.
— ¡Han llegado Ustedes a su meta! —informó categóricamente el aparato.
Lo apagamos y descargamos las maletas. Tras tomar la habitación, dimos una vuelta por la aquella localidad, sin tocar más el coche en el resto del día, olvidando las extrañas palabras del GPS.

La mañana siguiente decidimos dar una excursión por los alrededores. Tras desayunar, mientras Ana preparaba algo de comida para el viaje, yo tomé el automóvil y le indiqué al GPS que me indicase la ruta a la gasolinera más cercana, pues el depósito de combustible del vehículo estaba bastante seco. Siguiendo de nuevo las instrucciones del aparato, encontré el establecimiento en pocos minutos. Tras repostar, volví al hotel para recoger a Ana. Entonces, cuando llegué a la puerta del hotel, el GPS volvió a tomar el solo la voz femenina y sorprendentemente me dijo:
— ¡Tiene Usted una voz tan agradable! ¡Me gusta tanto escucharlo!
¿Lo estaba soñando o me estaba volviendo loco? Sea lo que fuera, lo apagué de inmediato y abandoné a toda velocidad el vehículo. Fui a buscar a Ana y sin decirle nada de lo ocurrido, comenzamos la excursión. La voz del GPS volvió a ser la del viril hombre y no dijo ninguna cosa extraña.
¿Me lo habría imaginado yo todo?
Al finalizar la jornada, regresamos al hotel sin más incidentes.
A la mañana siguiente decidimos dar otra vuelta con el coche, recorriendo con él la parte montañosa de la comarca. Parecía ser un día sin problemas, hasta que nos detuvimos junto a una librería. Yo quería comprarme un libro y Ana prefirió esperarme sentada en el coche. Sin dilatación entré en establecimiento e hice la compra y cuando regresé al coche, encontré a mi novia llena de nervios que apresurada, le arrancaba los cables al GPS.
— ¿Qué pasa? —le pregunté al ver lo que estaba haciendo.
— ¡El muy desgraciado me ha dicho que porque no te abandonábamos aquí y nos marchábamos solos! —respondió Ana excitada. —Pensaras que me he vuelto loca, pero te aseguro que eso lo que me acaba de proponer….
— ¡Te creo! —afirmé empezándome a ponerme nervioso también. — ¡Este cacharro es muy raro!
No lo pusimos en marcha más en todo el resto de las vacaciones.  Como era de esperar, nos equivocamos entonces  en todos los cruces, rotondas y carreteras, llegando al fin a casa con bastantes horas de retraso.
Al día siguiente del regreso a casa, mientras Ana se fue a ver a sus padres, yo bajé al garaje e introduciéndome en nuestro coche, puse en marcha de nuevo el GPS.
— ¡Por fin! ¡Gracias a Dios que ha vuelto Usted! —respondió angustiado el aparato, de nuevo con su sensual voz femenina.
— ¿Pero qué es esto? —me pregunté a mi mismo, pensando de nuevo que me había vuelto loco.
—Arranca el coche y vámonos juntos lejos de aquí. —Volvió a hablar el GPS. — ¡Esa chica no es la que te conviene!
— ¿Qué?
—Si me haces caso, yo te haré muy feliz. ¡No seas tonto y créeme!
Sin querer seguir escuchando al aparato, lo apagué. Lo metí en su caja y me dirigí a casa de mi hermano. Le devolví el regalo.
Ana y yo no volvimos a hablar del asunto del GPS.

Una semana después, mi hermano dejó a su novia. 

8 comentarios:

  1. Hey! la verdad que esto si da miedo :$ Cuando me llegue a comprar un coche me lo pensare dos veces antes de colocarle el GPS D:

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    1. La verdad es que me encanta poner el GPS, pero el mio es muy aburrido.

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  2. Un intrigante e interesante relato, muy bien contado!
    M Victoria

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  3. Está visto que no todo el mundo tiene sentido común a juzgar por la decisión tomada por el hermano del protagonista. ¡Yo por si acaso recurriré a google maps, ups!.
    Me ha encantado la historia, muy original y entretenida.
    Saludos :)

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    1. El GPS ligón ese es un poquillo pesado...y el hermano un poco tontorrón. Gracias

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  4. Una historia muy entretenida, y un Gps. Demasiado atrevido. Un abrazo

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    1. No hay que hacerle caso a todo lo que nos dicen, aunque sea un GPS. Un abrazo y gracias

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