jueves, 30 de junio de 2016

¡Buenas! ¡Esto es un atraco!



Daniel miró desde la acera de enfrente la oficina bancaria. —Tiene buena pinta —pensó y le pareció un buen lugar para trabajar. Cruzó la calle, atestada de vehículos detenidos por el semáforo y se colocó delante del escaparate de una tienda de ropa. Sacó el antifaz y se lo puso, empuñando después la pistola  mirándose en el escaparate.—¡Vamos allá! —exclamó  con determinación, mientras se acercaba a la oficina, Se puso frente a esta y tocó el timbre, esperando que desde el interior del establecimiento le abrieran.—¡Meeeeeckkk! —resonó en la puerta mientras esta se entornaba mecánicamente.

No había mucha gente dentro de la oficina, un pensionista y una señora de mediana edad, ademas de los tres empleados. Sin perder un segundo, Daniel se encaró al cajero, sentado en su cómoda mesa y le apuntó con la pistola.

 — ¡Buenas! ¡Esto es un atraco!

El cajero lo miró sorprendido y después, con aires de fastidio, le contestó:

— ¡Pero alma de cántaro! ¿Usted no sabe en que día vive?

Daniel respondió irritado:

— ¡Claro que lo sé! Hoy es....

Sacó entonces su teléfono móvil, dejando la pistola sobre la mesa del cajero y continuó:

— Jueves....a las once treinta y cinco.

— Pues entonces comprenderá —le explicó el cajero— que ahora no podemos atenderle.

— ¿Como que no? —preguntó Daniel asombrado.

—Mire aquel cartel.

El atracador giró su cabeza en dirección a donde el cajero le indicaba y lo leyó:

                                     Cobro de recibos y atracos
                                       Lunes, Martes y Viernes
                                       De ocho a diez treinta


—Como puede ver, hoy no puedo atenderle —continuó el cajero.

— ¡Maldita sea! —exclamó enfadado Daniel. —¿Entonces no me va a dar el dinero?

—Me temo que no, Señor.

—Mire, me he levantado muy pronto para tomar el tren y llegar hasta aquí.......Vivo a más de cuarenta kilómetros....¿En serio no me va a atender?

—Lo comprendo, Señor, pero no podemos hacer ese tipo de excepciones. Venga Usted mañana, de ocho a diez treinta, y le atenderemos gustosamente.

— ¿No puede darme ahora mismo una solución a este problema?

—¡Ya se lo he explicado, Señor! —le respondió de nuevo aburrido el cajero—. Esas son las normas corporativas y si las incumplo, pudo tener un buen problema con mis superiores.....¡Compréndalo!

—¡Pues me siento bastante decepcionado con el funcionamiento de este banco!

—Puede rellenar las hojas de reclamaciones, si lo desea, Señor.

El cajero sacó unos folios de debajo de su mesa, entregándoselos a Daniel. Este tomó un bolígrafo y comenzó a rellenarlos.

—¡Señor, por favor! —le dijo el cajero—. Apártese a aquel estante y hágalo allí. ¡Hay gente esperando!

—¡Vale, vale! —respondió Daniel con aires de suficiencia de nuevo irritado. Se apoyó sobre una balda y continuó rellenando las hojas de reclamaciones.

—¡Oiga! ¿Había es con hache o sin hache? —preguntó el atracador al cajero, mientras este atendía al pensionista.

— ¡Ponga lo que quiera! Para el caso que le van a hacer.....

—¡Pues vaya! Yo soy un profesional......y no me esta gustando nada lo que esta pasando aquí.

 — ¿Un profesional?  —dijo el cajero con una cínica sonrisa.

—¡He, cuidado! —respondió Daniel—. Yo llevo muchos años en la profesión. Ya de pequeño, en la escuela, les robaba a los compañeros los bolígrafos Bic Cristal y las gomas de nata.

El cajero lo miro sin dejar de sonreír, incrédulo.

—La semana pasada sin ir más lejos —continuó el atracador— le pegué un tirón en el bolso a una señora......¡y quedó esta muy satisfecha!

—¡Bueno! —exclamó el cajero escéptico.

—Después, cuando fue a la policía a denunciar el robo, declaró que no le había hecho nada de daño en el brazo. Que casi no lo notó. ¡No le dejé ni marca! ¡Es que uno es un profesional!

Daniel vio que el cajero ya no le estaba haciendo caso y terminó de rellenar las hojas de reclamaciones. Finalmente las entregó y abandonó la oficina.

Cuando cruzó la puerta de esta, ya en la calle, miró su mano derecha con una pequeña sonrisa. En esta estaba el bolígrafo que había tomado en la mesa del cajero.

— ¡Para que aprendáis! —exclamó satisfecho—. ¡Os he robado el boli!














6 comentarios:

  1. Muy bueno y ala vez cierta inocencia. Ojala todos los robos fueran asi jja. Te mando un abrazo

    ResponderEliminar
  2. Tienes toda la razón. Desgraciadamente esto solo es fantasía. Ojalá los ladrones se conformaran con un boli....

    ResponderEliminar
  3. ¡Muy bueno, Jose! Es una entrada muy simpática. Esa ingenuidad, tratándose del tema que tocas, es bonita. Como muy bien dices en tu respuesta, ojalá esa fuera la única tónica de los robos, como mal menor, la de robar bolis en un banco. Pero ya se sabe que en esta sociedad nuestra, hay gente muy buena, pero también hay de todo en la viña del señor, desgraciadamente...
    Genial, me ha gustado mucho leer el relato.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Marisa. Me alegra mucho que te haya gustado y si te ha hecho reír un poquito, más aun. Por desgracia, como ya hemos comentado,solo es fantasía.....

      Eliminar
  4. Jajajaja como en el post anterior que e leído,te lo as marcado pues haces que paresca tan normal que te entra la risa solo de pensarlo :P

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Chica del montón. Como ves, esto es solo otro ataque de exceso de fantasía. Ahora me tomo una pastilla y se me pasa en seguida....

      Eliminar