El antro del peor escritor del mundo

miércoles, 27 de enero de 2016

Un día raro

Sonó la alarma del teléfono móvil de mi mujer a las siete y veinte. Es curioso la de cosas que hacemos con ese aparatito, de todo, menos de hacer llamadas. Ella se levantó de la cama y se dirigió a la ducha, mientras yo seguí perreando unos minutos en el lecho.  Aún no había amanecido y nuestra habitación continuaba a oscuras.
Cuando  mi mujer regresó del baño tras secarse, sin encender todavía la luz, se dirigió a la habitación de los chicos, para despertarlos. Entonces me levanté de la cama y me dirigí al baño. Tenía tanto sueño, que me senté en el retrete para hacer mis necesidades.
Entonces mi di cuenta:

¡No tenía manos!

El susto fue mayúsculo. Impresionado, miré mis pies.

¡Tampoco los veía!

De un brinco me miré en el espejo.

¡Mi pijama flotaba!

¡Yo era invisible!

— ¡Pili! ¡Pili!— grité desesperado.

— ¿Qué te pasa?— dijo mí mujer, mientras venía corriendo a ver que me sucedía.

— ¡Mira!— contesté angustiado.

Al llegar y ver que no me veía, mi esposa se tapó la boca asustada, diciéndome:

— ¿Qué has hecho?

— ¡Yo! ¡Nada! Me he dado cuenta de esto ahora. ¿No lo has notado  tú antes?

— ¡No, qué va! ¿Y no se te ve nada?

—No sé, mira a ver….

Me quité el pijama.

—Nada, eres totalmente invisible.  ¡A ver! ¿Qué cenaste? —preguntó mi mujer.

— ¿Yo? ¡Lo mismo que tú! ¿No lo recuerdas?

— ¿No te irías con tus amigotes y te tomarías algo raro?

— ¡No me vengas con esas!

— ¡Bueno, vale! — continuó mi esposa intentando tranquilizarse— ¿Que hacemos ahora?

— ¡Yo que sé! Ir a la policía, supongo….

— ¿A la policía? ¿Y qué quieres que te hagan? ¡Anda!......

— ¿Entonces?— pregunté sin saber qué hacer.

— ¡Mira! — continuó mi esposa, siempre más resulta— Pégate una ducha, mientras llevo los chicos al cole. ¡Qué no te vean ellos con esa pinta! Luego, vengo a por ti y te llevo a urgencias.

— ¿A urgencias? ¡Ahí no! ¡Prefiero al ambulatorio! Odio ir a urgencias, además….tengo más confianza con el médico de cabecera.

—Vale, como quieras.

Seguimos el plan de mi esposa. Me duché, me tomé un café y esperé que ella regresase. Yo odio ir al médico, estar enfermo me enferma. Si hay gente opuesta a los hipocondriacos, yo soy uno de ellos. Debo ser un hipercondriaco.

Al fin llegó mi esposa:

— ¿Aún estas así? — preguntó al aparecer— ¿Nada nuevo?

— ¡Nada! Sigo sin verme.

Bajamos al garaje y subimos al coche. Ella conducía, no estaba yo para esas cosas. Lo peor fue cuando me tocó esperar en la consulta. Me ponía enfermo ver como todos intentaban verme.
Al fin, entramos en la consulta.

— ¡Hola, buenos días! — Saludó Pedro,  nuestro médico de cabecera,— ¡Vamos a ver! ¿Qué te pasa?

— ¿No lo ves?—respondí con sorna— ¡Me he vuelto invisible!

— ¡Ah, es eso! No te preocupes, tranquilo.

— ¿Tranquilo?— respondí intranquilo mirando a mi esposa, asombrado por la flema del galeno.

—No pasa nada —continuó el médico—. Le sucede a mucha gente. Son cosas de los nervios, el stress…. ¡O algún virus!

— ¿Un virus?

Pedro comenzó a teclear en su ordenador y a los pocos segundos imprimió una receta, indicándome después:

—Tomate esto cada ocho horas, con las comidas, durante cinco días. Es un tranquilizante, para que no estés demasiado agobiado y puedas dormir.

Tomé con aprensión la receta. Mi mujer miraba satisfecha la fácil solución que proporcionaba el médico.

— ¿Y con esto se me pasará?  — pregunté incrédulo.

— ¡No, hombre, no! Sí continúas así en una semana, vienes y te echamos otra mirada.

— ¿Seguiré siendo invisible?

—Tranquilo, no te agobies. ¡Ah!, Mira, por esto no te puedo dar la baja.

— ¿Tengo que ir a trabajar así?

El médico se encogió de hombros y mi mujer, casi empujándome, me sacó de la consulta.

— ¡Vamos a otro médico! Este está como una cabra —le dije a Pili, mientras nos dirigíamos al coche.

— ¿Para qué, si te van a decir lo mismo? ¿No te deben días de vacaciones en el trabajo?

—Sí.

—Pues les llamas y les dices que hoy no vas.

— ¿Y mañana?

—Mañana será otro día.



3 comentarios:

  1. Genial!! Me encanta cómo una situación dentro del absurdo, la reconduces a la normalidad de la vida cotidiana y a su vez la impregnas de humor. Este recurso dentro de la técnica narrativa, denota una gran perspicacia e inteligencia a la hora de reflejar historias llenas de exotismo que nos hacen sonreir. Me has hecho pasar un buen rato.
    Parece que el anterior comentario no entró.
    Un abrazo

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    1. Me encanta que te haya gustado. Yo solo espero que a mi no me pase lo mismo que al tipo de esta historia.....¡ni a los demás!

      Ahora mismo me pongo la cofia y empiezo a removerlo todo, a ver si aparece ese comentario perdido.....

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  2. Jajajaja muy buena,pobre hombre pero desde luego habría que verle la cara al jefe cuando lo viera aparecer (a no,que es invisible) jajajaja

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